​¿Botas o zapas? El eterno dilema bajo la lluvia de Santiago

Cualquiera que haya caminado por Galicia sabe que aquí el terreno no se anda con chiquitas. Un día sales con un sol radiante de la Plaza del Obradoiro y, a las dos horas, te encuentras sorteando charcos y pisando granito mojado que resbala como una pista de hielo.

​En Zapas recibimos cada día a gente con la misma duda: "Oye, ¿qué me llevo para no destrozarme los pies?". Y la respuesta, como casi todo en esta tierra, es un "depende". Pero no un depende cualquiera; aquí te cuento los porqués desde nuestra experiencia en la tienda.

​La libertad de las zapatillas (cuando el cuerpo te pide marcha)

​Hay una sensación de libertad increíble cuando te calzas unas zapatillas de trail running. Son ligeras, te hacen sentir rápido y, seamos sinceros, en los meses de calor tus pies respiran mucho mejor.

​Si vas a hacer etapas del Camino de Santiago donde abunda el asfalto o senderos muy trillados en pleno agosto, la zapatilla es tu mejor amiga. Eso sí, tienen truco: si llevas una mochila de más de 8 o 10 kilos o si tus tobillos tienden a quejarse, esa ligereza te puede jugar una mala pasada cuando el cansancio de los kilómetros apriete.

​La seguridad de la bota: tu escudo contra el barro gallego

​Luego está la bota. Para muchos, hablar de botas es pensar en algo pesado y rígido de hace veinte años. Nada más lejos de la realidad. Las botas modernas son auténticos "tanques ligeros".

​Si te vas a meter por el Monte Pedroso en un día de esos en los que el orballo no perdona, o si piensas perderte por las rocas de la Costa da Morte, la bota te da esa paz mental necesaria. Te protege el tobillo de torceduras, mantiene el barro a raya y te da estabilidad cuando el terreno se pone técnico. Es, básicamente, ese abrazo que tus pies necesitan cuando la ruta se complica.

​Lo que no se negocia: El "Pack Galicia"

​Independientemente de si eres de bota o de zapatilla, hay dos cosas que en nuestra tienda en Santiago consideramos obligatorias para no acabar la jornada sufriendo:

​La membrana (Gore-Tex): Porque caminar con los pies encharcados es la vía rápida hacia las ampollas y el frío.

​El agarre: El granito de nuestras tierras es traicionero cuando se moja. Si la suela no es de calidad (como un buen compuesto Vibram), acabarás haciendo equilibrios en cada piedra.

​Una confesión de zapatero: Al final, el mejor calzado no es el más caro ni el más colorido, sino aquel que, tras 20 kilómetros, te hace olvidar que lo llevas puesto.

​Si estás por Santiago de Compostela, pásate por Zapas. No hace falta que vengas a comprar; ven, pruébatelas, camina un poco por la tienda y cuéntanos qué aventura tienes en mente. Al final, lo que queremos es que cuando llegues a tu destino, lo hagas con una sonrisa y no buscando tiritas en el fondo de la mochila.

​¡Nos vemos en los senderos!

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